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SECRETARÍA DEL TRABAJO “ LUCHAR POR EL DERECHO AL TRABAJO, ES DEFENDER EL DERECHO A LA VIDA” |
| Salarios y empleo en México durante TLCAN. De las promesas a los hechos |
| En
los últimos 13 años, de 1994 (fecha de entrada en vigor del
TLCAN) al 2006, los niveles de vida y trabajo de la población en
México se han deteriorado drásticamente provocando al menos
tres fenómenos: una migración acelerada de trabajadores principalmente
a los Estados Unidos, el crecimiento desmedido del empleo informal y la
precarización del trabajo, y el incremento en los niveles de desigualdad
social en el país.
Es evidente que esta situación no sólo es producto del modelo de libre comercio y libre inversión desarrollado y fomentado por el TLCAN y los demás tratados comerciales (42) y acuerdos de inversión (47) firmados por México con el resto del mundo, sino de la política económica integral que los engloba. Lo que si podemos afirmar es que el TLCAN, en el caso de México, no solamente no ayudó a resolver problemas que se venían padeciendo como la caída salarial o la falta de empleos dignos, sino que contribuyó a profundizarlos y ampliarlos. Hoy en día los que negociaron, impulsaron y firmaron el TLCAN alegan que México se ha convertido en el principal exportador en la región, al triplicar sus exportaciones en estos años, y que es en el periodo el gran receptor de la inversión directa. Y esto es cierto, pero... ¿de qué sirve aumentar las exportaciones y la inversión externa en el país si tenemos déficit comercial, no hay crecimiento estable y sostenido, no hay más ni mejores empleos, y se empobrece más la población? Efectivamente, a pesar del crecimiento de las exportaciones, México enfrenta el mayor déficit comercial en la región: de alrededor de 8811 millones de dólares promedio anual de 1997 a 2003. Esto es así porque crecen más las importaciones que las exportaciones; las exportaciones están concentradas en 300 firmas que importan la mayor parte de sus insumos y materias primas, no así bienes de capital . Esta situación esta ligada directamente a la forma como el tratado se negoció, las reglas de TLC facilitan la integración intrafirma, no así la integración de las cadenas productivas en el país. México alberga hoy enclaves de grandes empresas nacionales y extranjeras dedicadas a la exportación que no colaboran para crear equilibrios macroeconómicos ni tampoco a generar crecimiento económico sostenido y buenos empleos. Casi la mitad de las exportaciones, 45% son maquiladoras que compran en el país solo el 3% de sus insumos; otro 42% son manufacturas no maquiladoras que, incluyendo la mano de obra, tienen aproximadamente 30% de contenido nacional; solo un poco más del 12% de las exportaciones tienen alto contenido mexicano y se concentran en el petróleo y otros productos primarios. Así, las exportaciones no se han convertido en motor del crecimiento económico debido a su poco contenido mexicano, pues en el TLC se negociaron reglas de origen de carácter regional, no nacional, de manera que las empresas no están obligadas a comprar sus insumos en el país productor o al menos a llevar a cabo licitaciones de sus principales compras para dar oportunidad a proveedores nacionales. Esto provoca que las empresas no favorezcan los empleos indirectos. Además, las exportaciones si bien crean empleos directos también destruyen otros al acabar con proveedores nacionales en la medida en que se surten de insumos importados. Lo que México aporta en el mas clásico modelo maquilador, es la mano de obra y recursos naturales baratos y aún así, no se tiene un efecto multiplicador importante en el empleo. La inversión extranjera directa que ha llegado a México en esta etapa no ha repercutido en un crecimiento significativo de la economía pues buena parte se destinó a la compra de empresas ya existentes. Por ejemplo, la mitad de la inversión se destinó a la compra de bancos mexicanos y la otra mitad al sector manufacturero. No ha llegado inversión al campo y tampoco a las zonas marginadas del país, que son las principales expulsoras de mano de obra hacia las ciudades y el extranjero. Lo anterior ha provocado que hoy la situación de los trabajadores y la población en general se encuentre en peores condiciones que hace 13 años. Los siguientes datos ejemplifican este dicho: 1. En relación al empleo, de 1993 a 2005 creció la PEA (Población Económicamente Activa) en 10.2 millones de personas, y solo se crearon 3.4 millones de empleos formales lo que arroja un déficit de 6.7 millones. Esta es una de las causas del crecimiento del empleo informal y de la migración de trabajadores a los Estados Unidos. Se considera que la mitad de los trabajadores del país, 21 millones están en la economía subterránea. Estos trabajadores no tienen ingreso permanente ni estabilidad en el trabajo, carecen de seguridad social y no reciben ninguna prestación laboral. A nivel de negocios, éstos no pagan impuestos y por tanto no contribuyen al gasto social. La falta de oportunidad de empleo aunado a los bajos salarios han convertido a México en el campeón de la migración mundial, superando a países como India o Turquía, con 11 millones de connacionales en Estados Unidos y 28 millones de personas de origen mexicano en ese país, según información de la Red Internacional de Migración y Desarrollo. Con el TLC aumenta además la migración de profesionistas que ascendía hasta el año pasado a un millón de personas. Es obvio que el detonante de esta situación ha sido la apertura indiscriminada producto del TLCAN, que aunque no incluyó el libre paso de personas a través de la frontera, sí ha provocado tal situación de precarización del empleo y el salario que la mejor opción para la gente parece ser la migración. Actualmente, la segunda fuente de divisas del país la constituyen las remesas que envían los trabajadores mexicanos a sus familias, 25 mil millones de dólares durante 2006, esto es, 68 millones de dólares diarios. Evidentemente, a la larga, esto supone una pérdida de recursos productivos para México y la despoblación de importantes regiones que ya no cuentan con la fuerza laboral suficiente para crecer. 2. La precarización del empleo. En 13 años se han creado pocos empleos, la mayoría de mala calidad. Por ejemplo en el año 2000, el 61% de los trabajadores no recibían prestaciones laborales prescritas por ley como la seguridad social, vacaciones, o pago de tiempo extra. Solo la época del TLC aportó 3 millones de laborantes a este sector. En este mismo sentido, de 42.3 millones de trabajadores existentes en 2006, 28 millones recibieron un ingreso de hasta 3 salarios mínimos; de éstos, más de 3 millones no percibieron ningún ingreso por su trabajo y 6 millones ganaron menos del mínimo. Comparados con los de Estados Unidos y Canadá, los salarios mexicanos han caído mucho más, ensanchándose la brecha salarial en la región. En 2004 un trabajador manufacturero en Estados Unidos ganaba 23.17 dólares la hora, en Canadá 21.42, y en México 2.50. De 1975 a 2004 México no tuvo un solo año de progreso salarial, con respecto a Estados Unidos la caída salarial en este tiempo fue de 50%. 3. La pérdida de capacidad adquisitiva del salario en 20 años ha sido de 70%. De diciembre 94 a mayo 2006 los precios de la canasta básica subieron 551% pasando de 31 pesos a 202 pesos diarios. El salario mínimo al contrario, subió solamente 218% al pasar de 15.2 a 48.6 pesos diarios. Esta erosión salarial ha tenido como fin el abaratar los costos de las empresas a partir del factor trabajo; de cada peso que antes le costaba al patrón contratar un trabajador, hoy sólo le cuesta 61 centavos. Para enero del 2007, se calcula que se necesitan 162 horas de trabajo de salario mínimo para adquirir una canasta básica con 42 alimentos, sin contar el pago de transporte, servicios y vivienda. 4. La precarización del trabajo incluye nuevas formas de explotación laboral como son el outsoursing o subcontratación laboral, crecimiento del trabajo eventual, el empleo por honorarios, el trabajo de menores y la industria familiar, entre otras. La situación laboral y salarial es facilitada por el sistema de control sindical que se mantiene en el país a pesar de los cambios políticos de los últimos tiempos. En materia sindical nos encontramos con más de lo mismo, aderezado con un crecimiento del sindicalismo patronal. Prolifera en las ramas de la economía que han crecido con el TLCAN, en las trasnacionales y empresas exportadoras, el contratismo de protección, esto es, formas de contratación que protegen al patrón ante la eventualidad de la organización de sus trabajadores. Es una auténtica simulación que en la práctica impide a los trabajadores defender sus derechos laborales o mejorar su situación salarial o laboral a partir de la organización colectiva. Un ejemplo muy claro y evidente del modelo de empresas que han crecido en los últimos años es el de Wall-Mart, empresa considerada como emblema de la economía globalizada por sus ingresos y por ser la corporación trasnacional más grande del mundo, con un número de empleados de más de un millón de personas, una facturación anual de 288 mil millones de dólares equivalentes al PIB de Arabia Saudita y la mitad del PIB en México. En México esta empresa inició sus operaciones en 1991, teniendo un crecimiento tal que actualmente controla el 50% del mercado de tiendas de autoservicio, contando con casi 1000 establecimientos y 112 mil empleados. El ritmo vertiginoso de su crecimiento incluye la inauguración de una tienda cada semana, pero por cada tienda que abren se considera que desplazan a 200 pequeños establecimientos. Solo en el 2002 la proliferación de estos centros comerciales, tiendas de autoservicios y departamentales, desplazó a cinco mil pequeños comercios, perdiéndose 18 mil empleos. Las prácticas antisindicales de esta trasnacional han sido denunciadas
consistentemente en los lugares en los que opera. La International Labor
Rights Fund ha documentado esta situación en los tres países
del TLCAN y gobiernos como el de Suecia y Noruega han retirado sus fondos
de pensiones invertidos en esta empresa, como protesta por su actitud
antisindical violatoria de los derechos humanos laborales. Esta trasnacional emplea en el país a dos terceras partes de los 9 mil menores de edad que trabajan como empacadores en las tiendas de autoservicio. La mayoría de estos chicos proviene de familias pobres, no se les paga salario y viven de las propinas de los clientes, no tienen contratos de trabajo, tampoco seguridad social ni prestaciones. Sin embargo, sí son obligados a comprar sus uniformes de trabajo, a cumplir con horarios mínimos de 5 horas, tienen responsabilidades laborales y pueden ser castigados si incumplen las reglas de trabajo. Obviamente, esta situación laboral abarata el costo de la mano de obra; el no pago de estos salarios significa un incremento directo a las utilidades de la empresa. Y explica en parte el porqué los 5 dueños de Wall-Mart Helen, Robson, Jhon, Jun y Alice ocupan 5 de los 10 primeros lugares entre los más ricos del mundo, y cómo la familia Walton tiene una fortuna de 90 mil millones de dólares. UNA BREVE CONCLUSIÓN A pesar de lo que sostienen los autores del libro “México 2005: El futuro se construye hoy“ acerca de que en todos aquellos lugares en donde se han desarrollado industrias exportadoras se ha observado un impacto favorable sobre el bienestar de la gente común, en el caso de México, esto no es exactamente así. Las exportaciones han crecido y la inversión directa también, sin embargo esto va ligado directamente al deterioro del nivel de vida de la gente y al incremento de la pobreza de los trabajadores mexicanos. Las exportaciones y la inversión han crecido a costa de la pobreza de las mayorías. De ahí la importancia de modificar el modelo de apertura instaurado por el TLCAN y de impulsar una política económica nacional, donde el incremento salarial sea palanca de desarrollo y las políticas sociales el complemento necesario para enfrentar las desigualdades e impulsar la justicia social. Bertha E. Luján Uranga |
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